
La Exquisitez del alma, la
riqueza espiritual y el lirismo
La
Pintura de
Ángela Merayo
Yo siempre he sostenido, que el artista debe tener una gran sensibilidad y una
riqueza espiritual capaz de acoger y de transmitir el pálpito, las dulcísimas
emociones y las cálidas sensaciones de la vida, a través de las diversas
experiencias que le ofrece en variadas formas. Es justo que posea las
capacidades técnicas para poder expresar a través de los colores, la propia
espiritualidad.
Debemos convenir, sin embargo, que en los últimos tiempos el panorama del arte
ha vivido momentos críticos por la carencia de fantasía, originalidad e
intuición por parte de los artistas que a mi juicio, no deben recorrer las
mismas experiencias, que ya otros en el pasado, han desarrollado completamente.
Estos pseudo-artistas han revisitado las mismas obras de los monstruos sagrados
de la pintura y la escultura de casi todos los representantes de las vanguardias
históricas, sin considerar las actuales condiciones socio-políticas, económicas
y culturales, que son distintas entre otras cosas, porque los gustos y las
exigencias de la sociedad contemporánea de la que la obra de arte debe ser
partícipe, han cambiado
Hemos notado cómo la crítica ha definido emergentes a los personajes que, no
tienen una personalidad, ni preparación básica, ni temáticas que proponer y sus
obras no suscitan ninguna emoción ni tienen carisma, pero estos pseudo-artistas
han disfrutado de publicidad desproporcionada y no merecida. Debemos reconocer
que en poco tiempo los hemos olvidado, y es justo que sea así, porque no tienen
suficiente carisma en el mundo del arte. He pensado que esta premisa, era
oportuna para mejor resaltar la personalidad y la calidad de la obra de
Ángela Merayo.
La exquisitez del alma, la riqueza espiritual y el lirismo que la pintora
transmite en sus obras, son valores esenciales que la distinguen.
Su pintura, no describe, evoca recuerdos lejanos de su infancia o de su
juventud, suscita emociones a través de las delicadas atmósferas y las transmite
con la misma intensidad que ella las ha vivido. Una delicada visión de la vida,
una capacidad de escuchar el canto de los pájaros, el movimiento de las hojas de
los árboles produce momentos gozosos. La contemplación del mar, un paseo al aire
libre son sensaciones para comunicar a través de los colores.
Las obras de Ángela Merayo, son las páginas de un diario secreto,
donde ella expresa sufrimientos, alegrías, esperanzas, dudas a través de una
tonalidad tenue y luminosa, rica en símbolos y códigos muy personales.
La pintura de Ángela Merayo es un himno a la vida, a la alegría, a
todas las criaturas del universo. En un torbellino de variados estados de ánimo
entre alegría intensa y tierna nostalgia va una realidad, que muda según las
leyes impuestas por el sistema que humilla la mente y la conciencia del hombre
contemporáneo.
Ella admite todo eso y sabe que la maldad y la hipocresía, la carrera al
consumismo y al poder político han sustituido en el corazón del hombre, en todas
las latitudes, los grandes valores del espíritu, como la libertad, la
generosidad, la humildad y el respeto a la personalidad ajena.
Ángela Merayo tiene unas cualidades técnico-cromáticas
verdaderamente envidiables. Ha afinado en el tiempo su método de trabajo, muy
personal e interesante y ahora los resultados son excepcionales gracias a la
búsqueda de nuevas formas para mejor expresarse. Códigos, símbolos, atmósferas
luminosas, que explican claramente el estado de ánimo de la pintora, en el
instante de la creación de la obra de arte.
Estupenda es la mezcla de los colores, interesante la impostación de la tela,
perfecta resulta la composición de los planos de perspectiva.
Su diario, presenta todavía muchas páginas en blanco, pero estoy seguro que
ella, sabrá a través del color, llenarlas de imágenes maravillosas dictadas por
una espiritualidad que tiende hacia la idealidad para expresar los más puros
sentimientos.
A mi juicio Ángela Merayo ha merecido verdaderamente las lisonjas
que el público y la crítica le han tributado, porque sus obras, están en nuestro
corazón y no podemos olvidarlas.
Antonio Malmo
Crítico
internacional de arte
Miembro de
la redacción de la revista Accademia di Firenze
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